jueves, 2 de abril de 2015

TOMBOY AND LITTLE WOMEN - CARLOS MARTÍNEZ RIVAS‏

No nos equivoquemos sobre este punto.
Las niñas marimachas, chinvaronas, tom-boys
–como se diga–
que juegan sólo con muchachos, beisbol de lustradores
trepadoras de rodillas raspadas,
con cicatriz visible y permanente en la ceja izquierda
impresa contra el filo de la piedra
de la poza absoluta de la infancia;
son sensibles, intensas bajo sus overoles,
y despliegan más tarde mamalias adorables
y hacen hombre al hombre porque lo trataron
desde niñas y se lo saben desde dentro,
y ya adultas le amortiguan todo lo que
es demasiado duro, pulido e hiriente
como ebanistería enemiga.
Pero las otras, mujercitas, little-woman, damitas
-como se diga-
que juegan con muñecas y bordan y cocinan de mentira,
son más tarde mezquinas económas que esconden senos
ínfimos, metálicos y devienen
espeluznantes cónyuges, paridoras de futuros
misóginos, como aquel desdichado que menciona
el doctor Rober Burton en Anatomy of Melancholy,
que no salía nunca, y cuando en su alta alcoba
alzaba los visillos, asomándose al tumulto de Londres,
si divisaba apenas una sombrilla o un talle,
rompía a vomitar.


2 comentarios:

  1. Este poema lo tuve pegado en mi escritorio por la década de los 80. Entre tanto ir y venir, lo perdí y no sabía como buscarlo, hasta que vi en algún sitio la palabra tom-boy...y lo encontré!!! Muchas gracias por él.

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  2. A veces al contar experiencias de mi infancia, que siempre están acompañadas de cicatrices en rodillas,codos y brazos, me dicen que soy una marimacha, en ese momento me río y le contradigo, soy una tom-boy y termino mostrándoles este bello poema, que como a otras mujeres, me define, de cabo a rabo

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